sábado, 1 de agosto de 2009

Día de la Madre Tierra


Hoy, 1º de Agosto es el día de la tierra. Mejor dicho, de la Madre Tierra, de la Pachamama, del cosmos que nos sustenta, que nos nutre. Pachamama, razón primera del equilibrio entre hombre y entorno. Cuando la Ecología es lo mejor que la ciencia puede ser, la vivencia cotidiana e intuitiva de un pueblo.
Como hoy estoy escaso de palabras, dejo éstas, de Stephane Thibaut, maravilloso maestro del budismo zen. Es su respuesta ante una pregunta simple e inabarcable por parte de uno de sus discípulos: ¿Qué es la libertad?

"No sé...
No podemos saber lo que es la libertad, no pertenece al campo humano. Si digo qué es la libertad, ya no será libertad. No se puede decir : '' Das ist liberté !''. Quedarían aprisionados en una definición. Creo que en América los indios no veían el mundo en términos de libertad, jamás hablaron de libertad. La libertad es una noción de prisionero, no de hombre libre. La verdadera libertad, es lo que es naturalmente. Los indios consideran que la tierra está viva, que es un ser vivo, y cada forma de la tierra es una expresión de su cuerpo. Los indios plantaron semillas, hicieron crecer cereales verduras... criaron y tuvieron manadas de bisontes, de caballos. De hecho, utilizaron lo que había y todo resultó muy bien. Pero siempre mantuvieron un profundo respeto y una comunicación íntima con todo lo que existe, las rocas, las piedras... Cuando vieron llegar a los blancos, arrasar la tierra, y allí...en las formas de la tierra, ¡Boom!... (movimiento contundente con la mano), arrancaron, plantaron todo derechito, hicieron campos bien cuadrados... Para ellos era un asesinato. Entonces los indios dijeron : ``¿ No ven ? Están hiriendo la tierra, la están destruyendo´´. Estaban muy impresionados: `` Va a traer mala suerte´´ Porque la tierra puede dar felicidad o desdicha. Nunca un indio pensó en términos de libertad. Piensan en la interdependencia, en vivir en armonía con las cosas que existen. Es algo evidente, no vale la pena explicarlo. En interdependencia con las realidades, no solamente con los árboles, las montañas, sino también con los demás hombres. No hay libertad, no existe. Hay una interdependencia, un respeto, un intercambio armonioso o no. Es todo. La libertad es una aspirina para esclavos".



viernes, 31 de julio de 2009

Mediocres reflexiones y escenas autorreferenciales




Reflexión 1

Estaba pensando en qué supuestos son necesarios para concebir la idea de un castigo. Se me ocurre que una moralidad generalizada en una determinada cultura; ideales del deber ser; un inconmensurable dios, omnipotente Estado o Gran Hermano (en la primigenia concepción orwelliana); concientizar, educar, hipnotizar, evangelizar, convencer, coaccionar para hacer extensivas todas las premisas antedichas al mayor número de sujetos.

Escena 1

Jefe (sonriendo): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (duda sobre las intenciones de Jefe y mucho más... de su sonrisa): ...
Jefe: Tengo que felicitarte por la forma de encarar el trabajo que estás teniendo. Realmente, quizá pase siempre, pero nunca había visto eso acá. Te estaba observando y me encantó, porque te vi activo, pendiente constantemente de las tareas de tu función. Te felicito.
Octavio (ahora duda y desconfía): Gracias.

Reflexión 2

Pero en estas épocas, dioses y estados se encuentran en decadencia. El Gran Hermano es un entretenimiento sumamente liviano. Las acciones de evangelizar, convencer, coaccionar o hipnotizar (o psicoanalizar), son puestas en discusión por su esencia violenta y desigual. En definitiva, muchos métodos de control inquisitivo se encuentran en una etapa algo reactiva y declinante.
Es indudable, no obstante, que estas modalidades en retirada no toman desprevenidos a quienes detentan el poder, los cuales se las tienen que arreglar para entrar en nuestra cabeza para que aceptemos con resignación, y hasta con júbilo, el látigo corrector.
Hay situaciones que llevan adosadas consecuencias indeseables pero cuyos goces, tan ardorosamente anhelados, obligan a que las recibamos responsablemente. Si nos da dolor de panza tras la lujuriosa ingestión de dulce de leche, lo toleramos como hace el pescador con la humedad de sus ropas. Si aceptamos la palabra adulatoria con orgullo, no podremos patalear ante la admonición más severa.

Escena 2

Jefe (enojado): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (no duda de las malas intenciones de Jefe): ...
Jefe: Esto es un desastre. ¿Vos te das cuenta de que estás caminando sobre la cubierta del Titanic? ¿Vos no entendés o no querés entender? Estoy harto de que tires para atrás todos los avances que trato de hacer. Acá están pasando cosas raras... Y van a quedar pocos. ¡Vas a ver! ¡Vas a ver!
Octavio (quien ya se había dado cuenta de la trampa de la felicitación exagerada y sigue sin dudar): ...

Reflexión 3

Es obvio que no pretendo descubrir la noción de premio como necesaria para introducir la legitimidad del castigo dentro de un conjunto de relaciones asimétricas. Sí me seduce ver la manera en la que alguien, dueño de un poder desdibujado, sin dios ni respaldo de la propia autoridad, echa mano de nuevos mecanismos para instaurar el orden.

viernes, 24 de julio de 2009

Meteorología sensacionalista


El viernes pasado me levanté con el tiempo justo para ir a trabajar. Seis menos cuarto. Mientras me ponía la ropa, encendía el televisor para anoticiarme de la temperatura. Pongo el canal setecientos y pico, por ahí andan los canales de noticias, nunca recuerdo dónde. El azar quiso que mis ojos recayeran en Crónica Tv. En grandes letras leí: "Sensación térmica: 2,9º." Me ganó el horror, a pesar de mi renuencia a aceptar lo que desde hace algunos años se conoce como sensación térmica, a partir del problema ético de la violencia de sentir por el otro. Me abrigué de acuerdo a tales circunstancias y salí volando. Una vez en la calle, comprobé que me habían vendido pescado podrido. Hacía frío pero era perfectamente soportable.
Llegado a mi trabajo, consulté a mis compañeros sobre sus "sensaciones térmicas"; todos coincidían en que no era una mañana exageradamente gélida.
No hace falta esperar a épocas de inestabilidad social, caos financiero o seguidillas de atracos. La vana impronta sensacionalista de algunos medios, entre los cuales el mencionado es un ejemplo categóricamente puro, se trasunta en la meteorología, las encuestas o las insoportables notas a una vedette mal entrazada. ¡Ah! Ser cómplice de estas maniobras televisivas a partir de programas de archivos, no nos hace menos responsables, ni intelectualmente superiores.

miércoles, 8 de julio de 2009

Háblanos del dar


Khalil Gibrán, en "El profeta", no se apega ni condena ni asiste ni condesciende cuando habla del dar. No se subjetiviza en el ciento por uno, ni en la caña, el río y el pescado; ni condena el destino de una donación en la compra de vino.

"Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo. Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan por afán de ser virtuosos. Dan como, en el hondo valle, el mirto da su fragancia al espacio"

Los tipos buenos siempre tenemos una excusa. Sopesamos merecimientos, investigamos ligazón genética del niño en brazos con la madre, conjeturamos organizaciones criminales. Somos hábiles detectives a la hora de entregar una moneda, nuestro trabajo o (¿simplemente?) un poco de amor.



martes, 30 de junio de 2009

Leyendo a Castaneda

"Ser cazador es mucho más que sólo atrapar animales. Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de su presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Ésa es su ventaja. No es de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fluido, imprevisible.
"(...) Has observado las costumbres de los animales en el desierto. Comen o beben en ciertos lugares, anidan en determinados sitios, dejan sus huellas en determinada forma; de hecho, un buen cazador puede prever o reconstruir todo cuanto hacen.
"Como ya te dije, tú en mi parecer te portas como tu presa. Una vez en mi vida alguien me señaló a mí lo mismo, de modo que no eres el único. Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto, nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien, el propósito de un cazador, que conoce todo esto, es dejar de ser él mismo una presa. ¿Ves lo que quiero decir?"

(Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda)

La respuesta a la pregunta sobre quiénes son los predadores que nos acechan, es múltiple y la dejo a consideración del lector.

martes, 19 de mayo de 2009

Lo que duren dos peces de hielo


Desde hace algunos años se nos previene contra los desastres del efecto invernadero. Los agoreros nunca me consideraron como un interlocutor agradable. Lo que sucede es que las teorías fatalistas nunca me gustaron, las considero una fantasía autodestructiva colectiva.

De las líneas precedentes puede suponerse que niego el calentamiento global o los daños que el excesivo dióxido de carbono le causan al medio ambiente. Nada más lejano. Me preocupan sobre todo los basurales orgánicos que generamos los vecinos en cualquier lado; y los otros basurales, más dañinos y tóxicos, que los estados generan, en acuerdos de los cuales algunas empresas transnacionales son los máximos beneficiarios.

Entiendo entonces y suscribo todo movimiento en bien del planeta y los seres que los habitamos, humanos o no. Pero teorías fatalistas, no firmo. Todas las religiones del mundo, y la ciencia contemporánea es una de ellas, nos atemorizan lustro a lustro. Pareciera no haber otra forma de convencer a las personas de algo. Yo quiero vivir sin smog; sin abusar de animales, plantas y tierra; sin desperdicio tóxico de aventureros de la guerra; sin los gases intestinales de dinosaurios devenidos en autitos de cotillón y tarros de helado. Quiero vivir así por amor a la Vida tan infinita, tan generosa, tan abundante en sí misma. Mi amor por la tierra, el sol y la lluvia es incondicional, hasta que desaparezca yo (casi seguro antes), o ellos. Aunque duremos lo que un hielo en la copa.

Si la humanidad necesita miedo para amar... lo siento por ella.

domingo, 10 de mayo de 2009

El traje gris de la multitud

Rutina gris. Mañana gris que el hombre del traje gris recorre automáticamente. Siguiendo las baldosas indiscriminadas del aburrimiento. Porque el reconocer: "éste es un pez", "éste un libro de estenografía", no hacemos otras cosas que intentar distinguir, entre cosas no demasiado diferentes, y colorear cobardemente y lo menos posible, una existencia llana como la pampa.

El trabajo carcelario nos asegura comidas de penitenciaría para toda la vida, el enclaustramiento definitivo en una familia u otra, más o menos parecida y la celda perpetua de vivir al capricho de nuestra mente guardiana.

Cada tanto, súbitamente, aparece una idea, un impulso como un reflejo fugaz, de una vida mejor. Y dan ganas de decir: "si no me sumerjo en él, prefiero morir". Pero no hay seguridades como las que da el color gris; el cual pocas veces se confunde con los colores de la vida.

miércoles, 29 de abril de 2009

La maldición bíblica

Leo el Génesis en su capítulo 3. Yaveh enfurecido con la pareja original: "Maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga sacarás de ella tu alimento por todos los días de tu vida (...). Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra".
Pero los tiempos han cambiado, y si bien el sudor y el esfuerzo físico siguen caracterizando a diversas ocupaciones en la actualidad, muchos trabajadores realizan sus tareas sin siquiera una gota de transpiración. ¿Hemos superado la bíblica maldición?



"La fábrica era amplia (...) el interior de la sala no carecía de belleza por las proporciones, la altura, lo liviano de la construcción metálica. El humo subía muy alto. Cuando el sol penetraba, jugaba con los variados tonos azules del trabajo. El ruido de las máquinas no era demasiado ensordecedor. Hasta hubiera podido llegarse a encontrarlo musical.
Lo que era triste, me parece que es la tristeza final de la gran industria. Es triste la muchedumbre de la mañana, los batallones obreros en marcha hacia la fábrica, a lo largo de sus paredes, hacia su portón. Si llueve, es triste. El agua chorrea sobre los abrigos y los paraguas; la multitud, los pies en el barro, huele a papel de diario, está tan triste como las noticias policiales que ha leído. Es triste aún con tiempo hermoso porque va a encerrarse. Triste en invierno porque todo está oscuro cuando entra por la mañana y todo está oscuro al atardecer cuando sale (...) . En la oscuridad del vagón me tomaba un suplemento de sueño, junto a sombras ateridas (...).
No pagaba el pan que ganaba con sudor, pero sí con tristeza y hastío. Más aún en la fábrica que en la escuela, sufría de estar encerrado. Me habían puesto grillos para toda la vida: tenía que ganar mi pan trabajando."

(Georges Navel, Trabajos, 1946).

Podríamos sumarle el stress de las oficinas, la oscura mendicidad de la venta, el otoño prematuro del empleado de vigilancia, la hipocresía de quien sirve desde un alma desocupada...

martes, 21 de abril de 2009

Támesis y otros cuentos

“Toda realidad, aún la más ordinaria, tiene un momento maravilloso. Oculta en las sombras de lo imperceptible, subyace su potencialidad: ambigua, caótica y desgobernada, sin ataduras de tiempo ni espacio; que compite palmo a palmo con el mundo de los sueños, hasta el despertar decepcionante de su materialización objetiva.
Cristian Vazquez nos invita en “Támesis…” a atisbar desde la mirilla esa realidad inmanifestada, a la cual su literatura, a la vez fantástica y basta, le permite coexistir con el mundo de los parques y las chicas vestidas de rojo que reparten folletos en las estaciones”.




Éste es el pequeño texto de mi autoría que puede verse (especialmente si agrandan la imagen) en la contraportada del libro “Támesis y Otros Cuentos” de mi amigo, el talentoso escritor Cristian Vazquez. No le hace justicia en lo más mínimo, aunque es un orgullo para mí tener una parcela en ese paraíso libresco creado por él.

Puede uno informarse de esta nouvelle y adquirirla si así se desea, en la librería de Bubok. Pero si uno no desea correr riesgos de que este desconfiable hombre de la rueda le haga perder tiempo, que podría invertir en el aprendizaje del alemán por ejemplo; sugiero que antes lo lea en su blog, en el cual comparte con nosotros su visión del mundo.

viernes, 10 de abril de 2009

Twameva

Sos mi mamá y mi papá que ya no están
al menos aquí, viéndome teclear sin destino;
sos mi hermano y mi mejor amigo
ocupándose buenamente de mis asuntos;
sos el conocimiento obtenido en cátedras frías
y la sabiduría que en alas flambeantes
desciende de cuando en cuando;
sos la abundancia infinita
que cada átomo declama;
sos el Todo
y te respiran
mis recelosos pulmones.

martes, 7 de abril de 2009

Para Noicos

Leo en un foro católico: "La organización británica Release International ha advertido en un informe de que este año 250 millones de cristianos afrontarán la persecución simplemente por seguir a Jesucristo. También denuncia que la persecución está aumentando en los países islámicos. Según esta organización, los abusos que sufren los cristianos pasan por el secuestro, la conversión forzada, el encarcelamiento, la destrucción de iglesias, la tortura, la violación y la ejecución. Asegura también que los Gobiernos de países musulmanes moderados a menudo no hacen todo lo posible para proteger los derechos de sus minorías cristianas".


Leo en una página evangélica, refiriéndose a la situación de sus correligionarios en Chiapas, México: "Hace dos años, los católicos tradicionales destruyeron el edificio evangélico de la iglesia en Los Pozos y docenas de evangélicos han sido enviados a la cárcel por causa de su fe".


Leo en una página sobre ateísmo: "...a pesar de encontrarnos en los comienzos del siglo XXI, el libre pensador o ateo, persiste y sigue siendo mal visto e incorrecto para todos aquellos ciudadanos que así lo piensan..." y "... los ateos han sido perseguidos y aún en día mal vistos..."






Todos estos fragmentos, y muchos más que podríamos encontrar en cualquier foro partidario de la ideología que se nos ocurriese, me llevan a pensar:


  • ¿Existe un Perseguidor Universal victimario de grupos que intentan diferenciarse en base a algunas ideas o creencias? ¿O se trata de los propios conjuntos humanos, cuya conciencia identitaria se complementa con la desestimación del Otro?
  • ¿Puede crearse en este mundo dual, polar y discriminatorio (en el buen sentido del término) un elemento que pueda ser cognoscible sin apelar a la oposición con otro elemento?
  • ¿Es absolutamente necesario, para crear conciencia de unidad (patriótica, ideológica o futbolística), desunirnos de otros seres, elegidos en base a un par de cualidades arbitrarias?

Como siempre, me quedo pensando. Y me ayuda a pensar el torturado protagonista de Informe sobre ciegos, de Ernesto Sábato:


"... siempre pensé que no se puede luchar durante años con un poderoso enemigo sin terminar por parecerse a él; ya que si el enemigo inventa la ametralladora, tarde o temprano, si no queremos desaparecer, también hay que inventarla y utilizarla y lo que vale para un hecho burdo y físico como un arma de guerra, vale, y con más profundos y sutiles motivos, para las armas psicológicas y espirituales..."

domingo, 5 de abril de 2009

Tiempo sin escribir

La idea de la publicación en un blog está necesariamente vinculada a una periodicidad más o menos estable y sin intervalos prolongados. Por supuesto que en este espacio no se ha hecho honor a los requisitos mencionados. Y es que la creación de La rueda está íntimamente ligada a las propias búsquedas, al buceo a ciegas en las oscuras profundidades de mi ser; y estos sondeos internos siempre los acompañé con inconstancia, desde hace 18 años. No es extraño, entonces, que este ciberespejo refleje las fluctuaciones de su propietario.
A modo de sadhana yóguico (la práctica de una rutina espiritual), también me propongo colocarme algunos mojones en mi semana que me comprometan a una actualización algo menos perezosa.
A quienes no se han ido durante mi ausencia y a quienes, más heroicos, permanecen leyendo esta suerte de manifiesto, muchas gracias

sábado, 10 de enero de 2009

Relativamente seguro

Mi esposa está leyendo a Foucault (los escritores franceses seducen a las mujeres bonitas con increíble facilidad) y me habla maravillada de la condición histórica y espacial de la criminalidad. De como una determinada conducta va convirtiéndose en inapropiada según la concepción que las sociedades tienen de los grupos y de las circunstancias públicas o privadas.

De pronto discutimos animadamente, la condición de relatividad histórica de lo prohibido siempre es algo que inflama nuestra charla. Recuerdo que el Tao me hace pensar en esa condición en su veinteavo pasaje:



No conozco nada y nada me preocupa.

No veo diferencia entre sí y no.

No veo diferencia entre bien y mal.

No temo aquello que la gente teme en la noche.


Qué fácil es para un torpe como yo, declarar de pronto la relatividad de todo y de que nada tiene importancia ni valor reales y sentarme a esperar lo que hacen otros, a tomarlo o a dejarlo y a vegetar silenciosamente a un costado del camino. Sigo leyendo a Castaneda y don Juan allí hace una observación desbordante en mi mente burguesa: "Primero debemos saber que nuestros actos son inútiles y luego proceder como si no lo supiéramos."

Las sociedades eligen las leyes que quieren que las rijan. Quizá hemos heredado algunas pero sólo cuando nos resultan obsoletas o poco operativas las hacemos a un lado para dar lugar a lo nuevo. Elegimos qué conductas condenar, cuáles enaltecer y bien podríamos elegir otras. No hay, quizá, una verdad inquebrantable que nuestras leyes deban reflejar, salvo la propia convicción del grupo humano que las sustenta, a la vez que las sufre.

Por eso estoy dispuesto a discutir, a debatir acaloradamente; sabiendo, eso espero, que muy en el fondo, la Verdad no existe o es un concepto acaso inasible para mí y mis semejantes. Sin embargo no se me permite vegetar impunemente. Como me dijo una noche mi maestro: "La pared es una ilusión. Pero mientras le peguemos y nos duela, más vale tratarla como real."

domingo, 4 de enero de 2009

El Poder y el Observar

Releo Las enseñanzas de don Juan y resaltan en mi conciencia pasajes que no había registrado antes. Entre ellos, uno en el que Don Juan Matus se refiere a las características que poseen dos poderes aliados: El humito, mezcla para fumar a base de hongos, y la yerba del diablo, hechicería realizada con una planta medicinal de nombre toloache. Don Juan dice: "La yerba del diablo es para los que quieren poder. El humito es para los que quieren observar y ver."

A raíz de estas palabras, yo pensaba que en el mercado espiritual podría dividirse sucintamente la oferta en productos destinados a la búsqueda de poder y otros a la satisfacción de conocer la naturaleza de las cosas.
Casi todo lo conocido como autoayuda, podría ser identificado con el poder: el rejuvenecimiento, la satisfacción financiera, la clarividencia con fines prácticos, los tratamientos energéticos, incluso cualquier aprendizaje sobre terapias alternativas. El observar quedaría limitado a la práctica de la atención y a la meditación más pura, despojada de la búsqueda de resultados.


El poder resulta tan increíblemente sobrecogedor, que aún en un ámbito de supuesta espiritualidad, es la opción más elegida, la única que adquiere sentido en una sociedad que busca desesperadamente el éxito, sucedáneo posmoderno y más políticamente correcto que la supremacía guerrera, la colonización o destacarse en la caza. El poder significó en otros tiempos todas estas cosas; y también el conocimiento académico o mágico.
Quisiera creer que sólo deseo observar y ver. Pero en la tentación de plantar el toloache en un descampado cualquiera, un ser más profundo habla mis verdaderas palabras.

viernes, 2 de enero de 2009

¿Quién estoy? ¿Dónde soy?


Con suma ligereza solemos asumir diferentes posturas o hacernos cargo de algunas opiniones o acciones, y hasta sentenciamos: "Y bue... yo soy así." ¿Pero quién es ese yo que decimos conocer tan bien? ¿Cuál es su ubicación espacial? ¿Coincide plenamente con nuestro cuerpo? Y lo que es más intrigante... ése que opina, que ve el programa de Tinelli o compra regalos navideños ¿es yo? Quiero decir, las acciones objetivas, discernimientos morales, elecciones afectivas, disfrute de placeres, repulsión de dolores, entre otras cosas ¿emanan del mismo ser? Hoy tengo la sensación de que no.

Como las capas de una cebolla, uno puede ir adentrándose en el complejo de personalidades que nos constituye y eliminar lámina por lámina los diferentes niveles bajo los cuales pareciera que hemos sepultado un último yo, un ser que sería nuestra esencia más remota.

Se me ocurre que la primera capa que nos salta a la vista estaría formada por los sentidos, por las ventanas al mundo, por la permeable superficie que cubre nuestro cuerpo. ¡En qué profundo silencio es necesario sumergirse para detener un instante el oleaje de la existencia material pugnando por informarnos acerca de nuestro entorno!

Pero aún si fuera posible detener el mundo, en la placidez menos socializada; estarían presentes nuestras opiniones, nuestro desagrado, nuestras expectativas y deseos. Nuestras ansias y planes para el futuro. Calmadamente ¿podemos silenciar la marea de elecciones que separan en bueno y malo al mundo conocido? Nuestro intelecto se transforma en un elemento cuantificable para, desde allí, sentenciar: alto, bueno, pequeño o satisfactorio.

Pero aún apocado el criterio discriminatorio, un sujeto más profundo habita el complejo antes mencionado: más oscuro y difícil de convencer, menos superficial y decididamente más ancestral, se encuentra el nivel de los deseos profundos, aquellos que nos acompañan toda la vida; y también de nuestros miedos, que son como deseos negativos (¿puede ser ésta la ubicación de lo que llaman karma?). Es esa área en la cual no se nos convence tan fácilmente. La mente humana ha creado en este nivel, un último bastión casi invencible, formado por obsesiones, fobias y esperanzas.

Cuando el silencio sea tan avasallante que haya convertido esta cordillera puntiaguda en una llanura interminable, ¿habrá alguien esperando detrás? ¿podremos conocer a quien sin dudas puede ser llamado Yo?

Si es así, quizá todo cobre sentido y estas líneas podrán ser leídas con el candor con el que leemos nuestras composiciones juveniles. Y si no, siempre habrá sido beneficioso detener la sucesión impaciente, aunque más no sea para llevarle la contra a mi vecino con su música a todo volumen.