
Khalil Gibrán, en "El profeta", no se apega ni condena ni asiste ni condesciende cuando habla del dar. No se subjetiviza en el ciento por uno, ni en la caña, el río y el pescado; ni condena el destino de una donación en la compra de vino.
"Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo. Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan por afán de ser virtuosos. Dan como, en el hondo valle, el mirto da su fragancia al espacio"
Los tipos buenos siempre tenemos una excusa. Sopesamos merecimientos, investigamos ligazón genética del niño en brazos con la madre, conjeturamos organizaciones criminales. Somos hábiles detectives a la hora de entregar una moneda, nuestro trabajo o (¿simplemente?) un poco de amor.
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