martes, 23 de agosto de 2011

Borges, categoría y chino básico


Leyendo el ensayo de Borges “El idioma analítico de John Wilkins” encontramos la referencia a “cierta enciclopedia china” que enuncia:


Los animales se clasifican en a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.

Podemos acordar que toda clasificación es un capricho. Una mirada ideológica en la que se dará importancia a determinados rasgos cualitativos o cuantitativos, separando unos elementos de otros a partir de relaciones opositivas.
La enciclopedia mencionada adolece entonces de ciertas deficiencias en relación a nuestro criterio racional:

- No existe discriminación genérica entre los elementos pertenecientes al mundo de lo externamente concreto y lo fantástico, imaginativo o representativo. Todos son, igualmente, animales.
- Incluye un “etcétera” que se extiende hacia el infinito. Imposible en este momento dejar de mencionar a Ceferino Piriz, citado por Cortázar en Rayuela. Gran exponente de las categorizaciones largamente extendidas, termina una de sus inagotables clasificaciones con esta palabra omniabarcativa, como si reconociera que su obsesivo afán de rigurosidad clasificatoria estaba condenado a fracasar. Pero este “etcétera” chino ni siquiera está al final, como si el autor hubiera recobrado la esperanza de registrar el universo todo durante unos segundos. O simplemente porque pretende transmitir que luego de un vasto desierto indiferenciado, es posible reconocer los mojones de la finitud.
- Las categorías se interpenetran, comparten elementos con las otras categorías, siendo el punto “h” la expresión máxima de la contradicción en la que la parte se convierte en el todo sin perder su fragmentariedad.
- Evidentemente, una tipología de animal no excluye a la otra. El autor desconfía de la identidad por oposición. ¿De qué cuadro sos?, pregunta un fulano por aquí y si le responden de Boca, el tipo ya creó en su mente, el universo de lo que no es. Porque clasificamos que una persona puede ser: a) de Boca, b) de River, c) de Quilmes, d) de etcétera, proposiciones todas de carácter disyuntivo con respecto a las otras.

Pero si una categoría no excluye a la otra, sólo cambiando ese pequeño aspecto de nuestra herencia filosófica, histórica y cultural, la clasificación chinesca empieza a cobrar sentido. Si la parte puede contener al todo, si la conducta y la pertenencia son más importantes que la compatibilidad genética, si se incluyen como reales los animales imaginariamente subjetivados, si la perspectiva del observador (blasfemia de la objetividad científica occidental) permite unificar en moscas a lo diverso; entonces lo chinesco, a partir de acuerdos y relaciones parciales; es decir: de traducciones; se occidentaliza como por arte de magia. O quizá, para decirlo mejor, el sujeto se orientaliza y lo traducido no es la enciclopedia sino él mismo que ante lo distinto pone en juego su esquema de percibir el mundo antes que asimilarlo a su universo conceptual existente, que es lo que llamamos, en definitiva, traducción.


¿Para qué meditar?

Un día el Maestro anunció que un joven monje había alcanzado un estado de iluminación avanzado. La noticia causó revuelo. Algunos de los monjes fueron a ver al joven monje. "Escuchamos que te has iluminado. ¿Es verdad?" preguntaron."Lo es," contestó."¿Y como te sientes?""Tan mal como siempre," dijo el monje.

¿Para qué meditar? ¿Con qué objeto perderme preciosos minutos y hasta horas de mi vida en una no-actividad que me impide ver televisión, producir más o dormir el mayor tiempo posible? Si al final del camino hay otro principio, igual al original, con los mismos adanes y evas interiores, sacándose los ojos por una manzana. ¿Por qué las rodillas en lucha con el suelo y la coronilla hacia el reino de los cielos si voy a estar tan mal como siempre?El maestro Dogen viajó a China y al volver, comunicó a sus discípulos un aprendizaje transformador:"Aprendí que los ojos están horizontales y la nariz vertical”. Los maestros zen están realmente locos si creen que van a tenerme empujando el suelo con las rodillas y clamando al cielo con la mollera con esperanzas tan vanas. Y sin embargo, ay, de cara a la pared, inmóvil, cuando se desintegran las ansiedades, los miedos, la familia, la supervivencia; cuando todo lo hermoso, lo bello y todo lo putrefacto van chorreando indiscriminadamente como capas de mugre que se desprenden, cuando la respiración parece detenerse para siempre, en ese instante que llega sólo para ser pasado, hay una percepción efímera pero resplandeciente, como la hermosa mujer que vimos sólo una vez y bastó para ocupar nuestro pensamiento toda una vida. La percepción es clara, a pesar de su fugacidad: los ojos están horizontales y la nariz está vertical.

sábado, 1 de agosto de 2009

Día de la Madre Tierra


Hoy, 1º de Agosto es el día de la tierra. Mejor dicho, de la Madre Tierra, de la Pachamama, del cosmos que nos sustenta, que nos nutre. Pachamama, razón primera del equilibrio entre hombre y entorno. Cuando la Ecología es lo mejor que la ciencia puede ser, la vivencia cotidiana e intuitiva de un pueblo.
Como hoy estoy escaso de palabras, dejo éstas, de Stephane Thibaut, maravilloso maestro del budismo zen. Es su respuesta ante una pregunta simple e inabarcable por parte de uno de sus discípulos: ¿Qué es la libertad?

"No sé...
No podemos saber lo que es la libertad, no pertenece al campo humano. Si digo qué es la libertad, ya no será libertad. No se puede decir : '' Das ist liberté !''. Quedarían aprisionados en una definición. Creo que en América los indios no veían el mundo en términos de libertad, jamás hablaron de libertad. La libertad es una noción de prisionero, no de hombre libre. La verdadera libertad, es lo que es naturalmente. Los indios consideran que la tierra está viva, que es un ser vivo, y cada forma de la tierra es una expresión de su cuerpo. Los indios plantaron semillas, hicieron crecer cereales verduras... criaron y tuvieron manadas de bisontes, de caballos. De hecho, utilizaron lo que había y todo resultó muy bien. Pero siempre mantuvieron un profundo respeto y una comunicación íntima con todo lo que existe, las rocas, las piedras... Cuando vieron llegar a los blancos, arrasar la tierra, y allí...en las formas de la tierra, ¡Boom!... (movimiento contundente con la mano), arrancaron, plantaron todo derechito, hicieron campos bien cuadrados... Para ellos era un asesinato. Entonces los indios dijeron : ``¿ No ven ? Están hiriendo la tierra, la están destruyendo´´. Estaban muy impresionados: `` Va a traer mala suerte´´ Porque la tierra puede dar felicidad o desdicha. Nunca un indio pensó en términos de libertad. Piensan en la interdependencia, en vivir en armonía con las cosas que existen. Es algo evidente, no vale la pena explicarlo. En interdependencia con las realidades, no solamente con los árboles, las montañas, sino también con los demás hombres. No hay libertad, no existe. Hay una interdependencia, un respeto, un intercambio armonioso o no. Es todo. La libertad es una aspirina para esclavos".



viernes, 31 de julio de 2009

Mediocres reflexiones y escenas autorreferenciales




Reflexión 1

Estaba pensando en qué supuestos son necesarios para concebir la idea de un castigo. Se me ocurre que una moralidad generalizada en una determinada cultura; ideales del deber ser; un inconmensurable dios, omnipotente Estado o Gran Hermano (en la primigenia concepción orwelliana); concientizar, educar, hipnotizar, evangelizar, convencer, coaccionar para hacer extensivas todas las premisas antedichas al mayor número de sujetos.

Escena 1

Jefe (sonriendo): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (duda sobre las intenciones de Jefe y mucho más... de su sonrisa): ...
Jefe: Tengo que felicitarte por la forma de encarar el trabajo que estás teniendo. Realmente, quizá pase siempre, pero nunca había visto eso acá. Te estaba observando y me encantó, porque te vi activo, pendiente constantemente de las tareas de tu función. Te felicito.
Octavio (ahora duda y desconfía): Gracias.

Reflexión 2

Pero en estas épocas, dioses y estados se encuentran en decadencia. El Gran Hermano es un entretenimiento sumamente liviano. Las acciones de evangelizar, convencer, coaccionar o hipnotizar (o psicoanalizar), son puestas en discusión por su esencia violenta y desigual. En definitiva, muchos métodos de control inquisitivo se encuentran en una etapa algo reactiva y declinante.
Es indudable, no obstante, que estas modalidades en retirada no toman desprevenidos a quienes detentan el poder, los cuales se las tienen que arreglar para entrar en nuestra cabeza para que aceptemos con resignación, y hasta con júbilo, el látigo corrector.
Hay situaciones que llevan adosadas consecuencias indeseables pero cuyos goces, tan ardorosamente anhelados, obligan a que las recibamos responsablemente. Si nos da dolor de panza tras la lujuriosa ingestión de dulce de leche, lo toleramos como hace el pescador con la humedad de sus ropas. Si aceptamos la palabra adulatoria con orgullo, no podremos patalear ante la admonición más severa.

Escena 2

Jefe (enojado): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (no duda de las malas intenciones de Jefe): ...
Jefe: Esto es un desastre. ¿Vos te das cuenta de que estás caminando sobre la cubierta del Titanic? ¿Vos no entendés o no querés entender? Estoy harto de que tires para atrás todos los avances que trato de hacer. Acá están pasando cosas raras... Y van a quedar pocos. ¡Vas a ver! ¡Vas a ver!
Octavio (quien ya se había dado cuenta de la trampa de la felicitación exagerada y sigue sin dudar): ...

Reflexión 3

Es obvio que no pretendo descubrir la noción de premio como necesaria para introducir la legitimidad del castigo dentro de un conjunto de relaciones asimétricas. Sí me seduce ver la manera en la que alguien, dueño de un poder desdibujado, sin dios ni respaldo de la propia autoridad, echa mano de nuevos mecanismos para instaurar el orden.

viernes, 24 de julio de 2009

Meteorología sensacionalista


El viernes pasado me levanté con el tiempo justo para ir a trabajar. Seis menos cuarto. Mientras me ponía la ropa, encendía el televisor para anoticiarme de la temperatura. Pongo el canal setecientos y pico, por ahí andan los canales de noticias, nunca recuerdo dónde. El azar quiso que mis ojos recayeran en Crónica Tv. En grandes letras leí: "Sensación térmica: 2,9º." Me ganó el horror, a pesar de mi renuencia a aceptar lo que desde hace algunos años se conoce como sensación térmica, a partir del problema ético de la violencia de sentir por el otro. Me abrigué de acuerdo a tales circunstancias y salí volando. Una vez en la calle, comprobé que me habían vendido pescado podrido. Hacía frío pero era perfectamente soportable.
Llegado a mi trabajo, consulté a mis compañeros sobre sus "sensaciones térmicas"; todos coincidían en que no era una mañana exageradamente gélida.
No hace falta esperar a épocas de inestabilidad social, caos financiero o seguidillas de atracos. La vana impronta sensacionalista de algunos medios, entre los cuales el mencionado es un ejemplo categóricamente puro, se trasunta en la meteorología, las encuestas o las insoportables notas a una vedette mal entrazada. ¡Ah! Ser cómplice de estas maniobras televisivas a partir de programas de archivos, no nos hace menos responsables, ni intelectualmente superiores.

miércoles, 8 de julio de 2009

Háblanos del dar


Khalil Gibrán, en "El profeta", no se apega ni condena ni asiste ni condesciende cuando habla del dar. No se subjetiviza en el ciento por uno, ni en la caña, el río y el pescado; ni condena el destino de una donación en la compra de vino.

"Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo. Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan por afán de ser virtuosos. Dan como, en el hondo valle, el mirto da su fragancia al espacio"

Los tipos buenos siempre tenemos una excusa. Sopesamos merecimientos, investigamos ligazón genética del niño en brazos con la madre, conjeturamos organizaciones criminales. Somos hábiles detectives a la hora de entregar una moneda, nuestro trabajo o (¿simplemente?) un poco de amor.



martes, 30 de junio de 2009

Leyendo a Castaneda

"Ser cazador es mucho más que sólo atrapar animales. Un cazador digno de serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas de su presa, sino porque él mismo no tiene rutinas. Ésa es su ventaja. No es de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y en caprichos previsibles; es libre, fluido, imprevisible.
"(...) Has observado las costumbres de los animales en el desierto. Comen o beben en ciertos lugares, anidan en determinados sitios, dejan sus huellas en determinada forma; de hecho, un buen cazador puede prever o reconstruir todo cuanto hacen.
"Como ya te dije, tú en mi parecer te portas como tu presa. Una vez en mi vida alguien me señaló a mí lo mismo, de modo que no eres el único. Todos nosotros nos portamos como la presa que perseguimos. Eso por supuesto, nos hace ser la presa de algún otro. Ahora bien, el propósito de un cazador, que conoce todo esto, es dejar de ser él mismo una presa. ¿Ves lo que quiero decir?"

(Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda)

La respuesta a la pregunta sobre quiénes son los predadores que nos acechan, es múltiple y la dejo a consideración del lector.