
El viernes pasado me levanté con el tiempo justo para ir a trabajar. Seis menos cuarto. Mientras me ponía la ropa, encendía el televisor para anoticiarme de la temperatura. Pongo el canal setecientos y pico, por ahí andan los canales de noticias, nunca recuerdo dónde. El azar quiso que mis ojos recayeran en Crónica Tv. En grandes letras leí: "Sensación térmica: 2,9º." Me ganó el horror, a pesar de mi renuencia a aceptar lo que desde hace algunos años se conoce como sensación térmica, a partir del problema ético de la violencia de sentir por el otro. Me abrigué de acuerdo a tales circunstancias y salí volando. Una vez en la calle, comprobé que me habían vendido pescado podrido. Hacía frío pero era perfectamente soportable.
Llegado a mi trabajo, consulté a mis compañeros sobre sus "sensaciones térmicas"; todos coincidían en que no era una mañana exageradamente gélida.
No hace falta esperar a épocas de inestabilidad social, caos financiero o seguidillas de atracos. La vana impronta sensacionalista de algunos medios, entre los cuales el mencionado es un ejemplo categóricamente puro, se trasunta en la meteorología, las encuestas o las insoportables notas a una vedette mal entrazada. ¡Ah! Ser cómplice de estas maniobras televisivas a partir de programas de archivos, no nos hace menos responsables, ni intelectualmente superiores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario