viernes, 31 de julio de 2009

Mediocres reflexiones y escenas autorreferenciales




Reflexión 1

Estaba pensando en qué supuestos son necesarios para concebir la idea de un castigo. Se me ocurre que una moralidad generalizada en una determinada cultura; ideales del deber ser; un inconmensurable dios, omnipotente Estado o Gran Hermano (en la primigenia concepción orwelliana); concientizar, educar, hipnotizar, evangelizar, convencer, coaccionar para hacer extensivas todas las premisas antedichas al mayor número de sujetos.

Escena 1

Jefe (sonriendo): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (duda sobre las intenciones de Jefe y mucho más... de su sonrisa): ...
Jefe: Tengo que felicitarte por la forma de encarar el trabajo que estás teniendo. Realmente, quizá pase siempre, pero nunca había visto eso acá. Te estaba observando y me encantó, porque te vi activo, pendiente constantemente de las tareas de tu función. Te felicito.
Octavio (ahora duda y desconfía): Gracias.

Reflexión 2

Pero en estas épocas, dioses y estados se encuentran en decadencia. El Gran Hermano es un entretenimiento sumamente liviano. Las acciones de evangelizar, convencer, coaccionar o hipnotizar (o psicoanalizar), son puestas en discusión por su esencia violenta y desigual. En definitiva, muchos métodos de control inquisitivo se encuentran en una etapa algo reactiva y declinante.
Es indudable, no obstante, que estas modalidades en retirada no toman desprevenidos a quienes detentan el poder, los cuales se las tienen que arreglar para entrar en nuestra cabeza para que aceptemos con resignación, y hasta con júbilo, el látigo corrector.
Hay situaciones que llevan adosadas consecuencias indeseables pero cuyos goces, tan ardorosamente anhelados, obligan a que las recibamos responsablemente. Si nos da dolor de panza tras la lujuriosa ingestión de dulce de leche, lo toleramos como hace el pescador con la humedad de sus ropas. Si aceptamos la palabra adulatoria con orgullo, no podremos patalear ante la admonición más severa.

Escena 2

Jefe (enojado): Octavio, tengo que decirte algo
Octavio (no duda de las malas intenciones de Jefe): ...
Jefe: Esto es un desastre. ¿Vos te das cuenta de que estás caminando sobre la cubierta del Titanic? ¿Vos no entendés o no querés entender? Estoy harto de que tires para atrás todos los avances que trato de hacer. Acá están pasando cosas raras... Y van a quedar pocos. ¡Vas a ver! ¡Vas a ver!
Octavio (quien ya se había dado cuenta de la trampa de la felicitación exagerada y sigue sin dudar): ...

Reflexión 3

Es obvio que no pretendo descubrir la noción de premio como necesaria para introducir la legitimidad del castigo dentro de un conjunto de relaciones asimétricas. Sí me seduce ver la manera en la que alguien, dueño de un poder desdibujado, sin dios ni respaldo de la propia autoridad, echa mano de nuevos mecanismos para instaurar el orden.

viernes, 24 de julio de 2009

Meteorología sensacionalista


El viernes pasado me levanté con el tiempo justo para ir a trabajar. Seis menos cuarto. Mientras me ponía la ropa, encendía el televisor para anoticiarme de la temperatura. Pongo el canal setecientos y pico, por ahí andan los canales de noticias, nunca recuerdo dónde. El azar quiso que mis ojos recayeran en Crónica Tv. En grandes letras leí: "Sensación térmica: 2,9º." Me ganó el horror, a pesar de mi renuencia a aceptar lo que desde hace algunos años se conoce como sensación térmica, a partir del problema ético de la violencia de sentir por el otro. Me abrigué de acuerdo a tales circunstancias y salí volando. Una vez en la calle, comprobé que me habían vendido pescado podrido. Hacía frío pero era perfectamente soportable.
Llegado a mi trabajo, consulté a mis compañeros sobre sus "sensaciones térmicas"; todos coincidían en que no era una mañana exageradamente gélida.
No hace falta esperar a épocas de inestabilidad social, caos financiero o seguidillas de atracos. La vana impronta sensacionalista de algunos medios, entre los cuales el mencionado es un ejemplo categóricamente puro, se trasunta en la meteorología, las encuestas o las insoportables notas a una vedette mal entrazada. ¡Ah! Ser cómplice de estas maniobras televisivas a partir de programas de archivos, no nos hace menos responsables, ni intelectualmente superiores.

miércoles, 8 de julio de 2009

Háblanos del dar


Khalil Gibrán, en "El profeta", no se apega ni condena ni asiste ni condesciende cuando habla del dar. No se subjetiviza en el ciento por uno, ni en la caña, el río y el pescado; ni condena el destino de una donación en la compra de vino.

"Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio. Y hay quienes dan con dolor y ese dolor es su bautismo. Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan por afán de ser virtuosos. Dan como, en el hondo valle, el mirto da su fragancia al espacio"

Los tipos buenos siempre tenemos una excusa. Sopesamos merecimientos, investigamos ligazón genética del niño en brazos con la madre, conjeturamos organizaciones criminales. Somos hábiles detectives a la hora de entregar una moneda, nuestro trabajo o (¿simplemente?) un poco de amor.