martes, 7 de abril de 2009

Para Noicos

Leo en un foro católico: "La organización británica Release International ha advertido en un informe de que este año 250 millones de cristianos afrontarán la persecución simplemente por seguir a Jesucristo. También denuncia que la persecución está aumentando en los países islámicos. Según esta organización, los abusos que sufren los cristianos pasan por el secuestro, la conversión forzada, el encarcelamiento, la destrucción de iglesias, la tortura, la violación y la ejecución. Asegura también que los Gobiernos de países musulmanes moderados a menudo no hacen todo lo posible para proteger los derechos de sus minorías cristianas".


Leo en una página evangélica, refiriéndose a la situación de sus correligionarios en Chiapas, México: "Hace dos años, los católicos tradicionales destruyeron el edificio evangélico de la iglesia en Los Pozos y docenas de evangélicos han sido enviados a la cárcel por causa de su fe".


Leo en una página sobre ateísmo: "...a pesar de encontrarnos en los comienzos del siglo XXI, el libre pensador o ateo, persiste y sigue siendo mal visto e incorrecto para todos aquellos ciudadanos que así lo piensan..." y "... los ateos han sido perseguidos y aún en día mal vistos..."






Todos estos fragmentos, y muchos más que podríamos encontrar en cualquier foro partidario de la ideología que se nos ocurriese, me llevan a pensar:


  • ¿Existe un Perseguidor Universal victimario de grupos que intentan diferenciarse en base a algunas ideas o creencias? ¿O se trata de los propios conjuntos humanos, cuya conciencia identitaria se complementa con la desestimación del Otro?
  • ¿Puede crearse en este mundo dual, polar y discriminatorio (en el buen sentido del término) un elemento que pueda ser cognoscible sin apelar a la oposición con otro elemento?
  • ¿Es absolutamente necesario, para crear conciencia de unidad (patriótica, ideológica o futbolística), desunirnos de otros seres, elegidos en base a un par de cualidades arbitrarias?

Como siempre, me quedo pensando. Y me ayuda a pensar el torturado protagonista de Informe sobre ciegos, de Ernesto Sábato:


"... siempre pensé que no se puede luchar durante años con un poderoso enemigo sin terminar por parecerse a él; ya que si el enemigo inventa la ametralladora, tarde o temprano, si no queremos desaparecer, también hay que inventarla y utilizarla y lo que vale para un hecho burdo y físico como un arma de guerra, vale, y con más profundos y sutiles motivos, para las armas psicológicas y espirituales..."

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