
"Treinta radios se unen en el centro;
gracias al agujero podemos usar la rueda.
El barro se modela en forma de vasija;
gracias al hueco puede usarse la copa.
Se levantan muros en toda la tierra;
gracias a la puertas se puede usar la casa.
Así pues, la riqueza proviene de lo que existe,
pero lo valioso proviene de lo que no existe".
(Tao te king)
Me senté silenciosamente. Equidistante de las compras navideñas y los llantos devocionales. De la tarjeta de crédito, cuyos límites dibujan sonrisas a la distancia que mutan en espectrales muecas al engrosarse la cuenta. Lejos de la fiesta, de la mal disimulada tristeza y del abrazo estrecho de quienes se compadecen mutuamente.
Me senté callado, si la rueda tiene un centro, me dije, inmóvil, silencioso; impasible ante las vicisitudes, incapaz de amor, temor o resentimiento, quiero encontrarlo hoy. O vislumbrarlo siquiera, con la palma sombreando las cejas.
Pero la fiesta de afuera es ruidosa, el reggaeton de las cuentas pendientes hace que se menee la forma más pura de la lujuria, en algún lugar entre mi frente y mi glándula pineal. Hacer silencio es, entonces, una virtud del alma, en la que poco tienen que ver los decibeles de la metrópoli, con sus bocinas imperiosas ni sus parlantes expansionistas; sino que es preciso detener el goteo incesante de la neurosis urbana, tortuoso y lacerante, que horada la conciencia entre el afuera y el adentro, a doble vía.
Dejé decantar, ¿cuánto tiempo? la caleidoscópica lluvia de pareceres, de opiniones dualistas, de antítesis irreconciliables, de opciones políticas radicales, de adhesiones honestas, de placeres irreductibles; y encontré finalmente, aquella tarde, a la sombra del sauce (llorón para más datos), un atisbo de no-mente, agazapado, detrás del helado de dulce de leche y los asados de mi hermano mayor.
Fue apenas un pequeño indicio, la humareda que dejó la fugitiva no-mente cuando oyó mis pasos obsesivos, cuando presintió mis ansias de encarcelarla entre cuatro paredes.
Hoy sólo quedan estas pocas cenizas. No es mucho, pero sé que hubieron fuego y Fénix, antes de que llegara.
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